top of page

Un análisis literario de “La Casada Infiel”

​

León Zeldis Mandel

​

​

​

            Voy a comenzar diciendo algunas palabras sobre el lenguaje y la poesía. El lenguaje que sirve para comunicarnos cumple dos funciones, una es informar, transmitir informaciones. ¿Cómo están los niños?, terremoto en Santiago, batalla en Beirut. Mañana va a llover. Otra función, la que más nos interesa, es la de producir o crear sentimientos en el lector o auditor. En el teatro, el cine, la ópera, esto es más notorio. ¿Quién no se emociona al escuchar “un bel di vedremo”, el desgarrador lamento de Madame Butterfly?

​

            Lo interesante, es que nuestro cerebro está todo el tiempo buscando conexiones; relacionando las palabras que escuchamos o pensamos con otras almacenadas en la memoria, y aunque no estemos conscientes de este proceso, cada palabra nos afecta precisamente por sus conexiones con nuestro pasado. Si tomo una palabra cualquiera, “susurro” por ejemplo. ¿No nos hace pensar en la noche, en algo secreto, en el viento sonando entre las hojas de los árboles? Digo “jolgorio” y nos hace pensar en globos de colores, fiesta, alegría, risas y buen trago.

            Voy a hacer un pequeño experimento. Voy a inventar unas palabras, decir, por ejemplo, “lagasilva frasquera”. ¿Estamos en la ciudad o en el campo? O si digo “grañosa rapatera”, ¿está agachada o enhiesta? No son las palabras, sino lo que estas palabras inventadas sugieren a la mente otras ideas. Ese es el arte del poeta, aprovechar hasta el máximo esta cualidad del lenguaje.

​

            Es comprensible que todo escritor, y en particular los poetas, tengan que poseer un vasto dominio sobre el idioma con el cual expresar sus ideas y sentimientos. El castellano tiene unas 150 a 200 mil palabras. El número depende de cómo se cuentan las palabras derivadas, formas verbales, por ejemplo. Entre todo este enorme vocabulario, el poeta selecciona sus palabras tomando en cuenta no sólo su significado, sino también el sonido, lo que sugiere la palabra, y cómo nos afecta.

​

            Para ilustrar el planteamiento anterior, voy a tratar de utilizar una poesía bien conocida del poeta español Federico García Lorca, titulada: ”La casada infiel”. El nombre ya nos comunica el tema, bastante trillado, por supuesto, pero veremos cómo el genial poeta – en mi opinión, el mejor poeta del siglo XX - logra crear una obra llena de sugerencias, nos hace ver, sentir, participar en la acción descrita de manera realista, pero que a la vez transforma un incidente vulgar en una imagen poética de gran sugerencia.

 

            Voy a leer primero la poesía completa, y después vamos a analizar algunos aspectos, algunas líneas y expresiones que merecen explicación  para apreciar mejor el arte del poeta. La poesía forma parte del “Romancero Gitano”, publicado en 1928, cuando el poeta tenía 30 años, y sólo 8 años antes de ser ejecutado durante la Guerra Civil.

​

La Casada Infiel

Y que yo me la llevé al río

Creyendo que era mozuela,

Pero tenía marido.

 

Fue la noche de Santiago

Y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

Y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

Toqué sus pechos dormidos,

Y se me abrieron de pronto

Como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

Me sonaba en el oído

Como una pieza de seda

Rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas

Los árboles han crecido,

Y un horizonte de perros

Ladra muy lejos del río.

 

       *

Pasadas las zarzamoras,

Los juncos y los espinos,

Bajo su mata de pelo

Hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

Tienen el cutis tan fino,

Ni los cristales con luna

Relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

Como peces sorprendidos,

La mitad llenos de lumbre,

La mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

El mejor de los caminos,

Montado en potra de nácar

Sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

Las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

Me hace ser muy comedido.

Sucia de  besos y arena

Yo me la llevé del río.

Con el aire se batían

Las espadas de los lirios.

 

Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero

Grande de raso pajizo,

Y no quise enamorarme

Porque teniendo marido

Me dijo que era mozuela

Cuando la llevaba al río.

 

Ahora veamos al análisis:

Y que yo me la llevé al río

Creyendo que era mozuela,

Pero tenía marido.

​

                        Con esta introducción Lorca ya nos indica tres cosas: el lugar de la acción, que la poesía está escrita en primera persona, o sea que la escribió el actor principal de la acción, y que él considera que fue engañado, es decir, él no es culpable de la traición de la mujer. Voy a usar una licencia, suponiendo que Lorca mismo es quien habla en la poesía. Aunque Lorca no era gitano, no es descabellado pensar que algunos incidentes de su juventud estén reflejados en su obra. Alguien dijo, que toda creación literaria es en cierto modo autobiografía.

Fue la noche de Santiago.

​

                        Santiago el Mayor fue uno de los discípulos preferidos de Jesús. Según la tradición viajó a España y está enterrado en la Catedral de Santiago de Compostela. Su fiesta se celebra el 25 de julio, de manera que Lorca ya nos indicó el lugar y ahora nos da el tiempo: una noche de verano. Podría haber escrito simplemente “fue una noche de verano”, pero no es una simple noche, es la noche del santo cuya tumba es el principal centro de peregrinaje de España. Es una noche especial, no cualquiera.

​

Y casi por compromiso.

                        Como si no tuviera mayor interés. Lorca mantiene su distancia a lo largo de la acción, pero una cosa lo traiciona. Como veremos inmediatamente, es él quien conduce a la mujer al río, le hace el amor y luego la trae de vuelta del río. Lorca es el iniciador de la acción, no es un actor pasivo.

​

Se apagaron los faroles

Y se encendieron los grillos.

​

                        Lorca apela a todos nuestros sentidos para hacer más vívida la situación. Es de noche y están caminando, saliendo del pueblo. Menciona la luz - se apagaron los faroles, se encendieron los grillos. No dice Lorca, “comenzaron a escucharse los grillos”, sino que se encendieron. Una figura poética, que combina sonido y luz. Audición y visión.

En las últimas esquinas

​

                        Miren cómo nos muestra que están saliendo del pueblo, camino al río. Lorca usa mucho esta figura poética, la alusión que comunica un hecho sin mencionarlo específicamente.

​

Toqué sus pechos dormidos,

Y se me abrieron de pronto

Como ramos de jacintos.

​

                        Comienza el juego erótico. Nótese la forma como Lorca nos dice que la mujer se abrió el corpiño y exhibió los senos. La flor que emplea Lorca es una elección irónica. El Jacinto es una flor perfumada que en el lenguaje de las flores simboliza la constancia, es decir la fidelidad.           

           

El almidón de su enagua

Me sonaba en el oído

Como una pieza de seda

Rasgada por diez cuchillos.

​

                        Nuevamente el sonido nos hace vivir la escena. La suavidad de la seda la contrasta con el sonido de los cuchillos rasgándola. Tres veces Lorca menciona armas en su poema. Los cuchillos, más tarde la pistola y finalmente las espadas. Lorca no dice “la enagua almidonada” sino “el almidón de la enagua”, esa es otra figura poética, llamada sinécdoque, tomar una parte para representar el todo.   

​

Sin luz de plata en sus copas

Los árboles han crecido,

​

                        La noche es oscura, el brillo de plata de la luna no ilumina las copas de los árboles, que se ven más altos en la oscuridad. Recién Lorca usó el sonido, ahora usa la luz para describir la escena. Lorca apela a todos los sentidos para hacernos sentir el poema.

​

Y un horizonte de perros

Ladra muy lejos del río.

​

                        Volvemos al sonido, y mediante el sonido Lorca nos hace sentir la soledad de la pareja: a la distancia, en el horizonte, están los perros ladrando.

 

Pasadas las zarzamoras,

Los juncos y los espinos,

​

                             Lorca hace uso de muchos elementos del reino vegetal, flores, zarzas, espinos, árboles. Zarzamoras y espinos nos hacen sentir los rasguños en la piel. El lugar es agreste. El tacto es otro sentido que usa Lorca para obligarnos a que no sólo leamos, intelectualmente, su poesía, sino que la sintamos. El tacto ya apareció antes, cuando “tocó sus pechos dormidos”.

​

Bajo su mata de pelo

Hice un hoyo sobre el limo.

​

                        Acción, preparativos, Lorca no puede pretender inocencia en este encuentro.

​

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

​

                        Nótese que Lorca en realidad no se desviste. Se saca sólo la corbata y el cinturón. Sigue pretendiendo que no tiene mayor apuro, mientras que ella sí se desviste por completo. Si él se desviste más adelante, el poeta no lo especifica.

​

Ni nardos ni caracolas

Tienen el cutis tan fino,

​

                        La flor y la concha se destacan por su suavidad. También el raso, que aparece dos veces en la poesía. Los nardos son flores muy olorosas, especialmente de noche. Lorca, apela a los sentidos del tacto y el olfato.

​

Ni los cristales con luna

Relumbran con ese brillo.

​

                        “Cristales con luna”: en vez de escribir simplemente “espejos”. Una forma más poética de describir lo mismo, y así aprovecha de mencionar la luna, apelando al sentido de la vista, y también a todo el bagaje simbólico de la luna, el astro femenino por excelencia, la esposa del sol.

​

Sus muslos se me escapaban

Como peces sorprendidos,

​

                        Qué manera más delicada de expresar los movimientos violentos, espasmódicos, provocados por la lujuria. Lorca ya habló de los perros, ahora habla de los peces.

​

La mitad llenos de lumbre,

La mitad llenos de frío.

​

                        Nuevamente nos recuerda el tacto, el calor y el frío.

Aquella noche corrí

El mejor de los caminos,

Montado en potra de nácar

Sin bridas y sin estribos.

​

                        El acto de amor desenfrenado. ¿No se dice de alguien que “perdió los estribos”?

Sin bridas, porque la potra – otra alusión al reino animal – no precisaba de conducción.

​

No quiero decir, por hombre,

Las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

Me hace ser muy comedido.

​

                        Miren cómo se pinta el poeta, hombre comedido, es decir, un varón cortés y moderado. Como buen hombre, no quiere poner en vergüenza a su amante.

​

Sucia de  besos y arena

Yo me la llevé del río.

​

                        Nos faltaba el sentido del sabor, aquí está junto con el del tacto, otra vez.

​

Con el aire se batían

Las espadas de los lirios.

​

                        Lorca no escribe, sino por alusión. Está diciendo que había un viento que agitaba las plantas. Esta figura poética se llama metonimia. Los tallos figuran ser espadas, es una referencia al conflicto emocional que sienten los actores después de su encuentro sexual.

​

 Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero

Grande de raso pajizo,

​

                            ¡Miren qué regalo! Nada personal, sino algo para las labores de la casa. Hay que ponerla en su lugar a la moza.

​

Y no quise enamorarme

Porque teniendo marido

Me dijo que era mozuela

Cuando la llevaba al río.

​

                        Termina con una reiterada defensa de su carácter. Este fue un episodio pasajero sin consecuencias. Lorca es capaz de dominar sus sentimientos. No quiso enamorarse. Termina echándole nuevamente la culpa a la casada infiel.

 

            Un par de detalles técnicos. La poesía está escrita en versos octosilábicos, con acentuaciones varias para evitar la monotonía, el sonsonete de las poesías infantiles (Que linda en la rama la fruta se ve….).

​

          Aunque Lorca no usa una rima verdadera, utiliza una semi-rima, llamada asonante. A todo lo largo del poema, cada verso par termina con las vocales í –o con la i acentuada: río, marido, compromiso, grillos, lirios, pajizo, etc. Esto ayuda a darle unidad al poema.

         

          Ahora que analizamos la obra, voy a leer nuevamente la poesía y quisiera que me digan sinceramente si la aprecian mejor esta vez:

 

Y que yo me la llevé al río

Creyendo que era mozuela,

Pero tenía marido.

 

Fue la noche de Santiago

Y casi por compromiso.

Se apagaron los faroles

Y se encendieron los grillos.

En las últimas esquinas

Toqué sus pechos dormidos,

Y se me abrieron de pronto

Como ramos de jacintos.

El almidón de su enagua

Me sonaba en el oído

Como una pieza de seda

Rasgada por diez cuchillos.

Sin luz de plata en sus copas

Los árboles han crecido,

Y un horizonte de perros

Ladra muy lejos del río.

 

       *

Pasadas las zarzamoras,

Los juncos y los espinos,

Bajo su mata de pelo

Hice un hoyo sobre el limo.

Yo me quité la corbata.

Ella se quitó el vestido.

Yo el cinturón con revólver.

Ella sus cuatro corpiños.

Ni nardos ni caracolas

Tienen el cutis tan fino,

Ni los cristales con luna

Relumbran con ese brillo.

Sus muslos se me escapaban

Como peces sorprendidos,

La mitad llenos de lumbre,

La mitad llenos de frío.

Aquella noche corrí

El mejor de los caminos,

Montado en potra de nácar

Sin bridas y sin estribos.

No quiero decir, por hombre,

Las cosas que ella me dijo.

La luz del entendimiento

Me hace ser muy comedido.

Sucia de  besos y arena

Yo me la llevé del río.

Con el aire se batían

Las espadas de los lirios.

 

Me porté como quien soy.

Como un gitano legítimo.

Le regalé un costurero

Grande de raso pajizo,

Y no quise enamorarme

Porque teniendo marido

Me dijo que era mozuela

Cuando la llevaba al río.

© 2017 Leon Zeldis
bottom of page