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EL SIMBOLISMO DE LA PIEDRA

 

León Zeldis Mandel

1.       INTRODUCCIÓN

 

          Una pregunta que rara vez se plantea, es el por qué nuestros antecesores, los masones que escribieron y desarrollaron las complicadas estructuras morales y filosóficas de la masonería simbólica, llamada Francmasonería, eligieron los modestos materiales y herramientas de la construcción para transmitir sus ideas. Otras actividades, como la marinería, la metalurgia, la agricultura y la ganadería, entre otras, también podrían haber sido empleadas para desarrollar “un sistema peculiar de moral velada en alegorías e ilustrada por símbolos”. En realidad, dichas actividades sí han sido empleadas simbólicamente por algunos pensadores y organizaciones en distintas épocas.

          Sin embargo, espero demostrar en este trabajo que el oficio del masón y su material, la piedra, tienen tan profundos y universales significados que la elección era no sólo justificada, sino inevitable.

          La piedra ha sido, desde épocas prehistóricas, el material principal empleado para construir y adornar las estructuras más importantes, cuya solidez y durabilidad son las consideraciones fundamentales. La piedra se convirtió en paradigma de estabilidad, dureza y permanencia en todos los idiomas, acompañada de una nutrida carga de significados simbólicos, con profundas asociaciones y connotaciones, algunas de las cuales examinaremos de inmediato, especialmente por cuanto la piedra sirve como símbolo fundamental de la Francmasonería, donde a cada neófito se le dice explícitamente que es considerado una piedra más en el templo ideal en cuya construcción estamos empeñados.

          La definición científica o química de la piedra no nos interesa. Baste decir que la piedra es el componente no metálico de la roca, y que aparece en muy diversas formas, colores y grados de dureza y fragilidad. Las piedras sirven para construir gigantescos edificios así como para adornar finas alhajas, su uso es indispensable tanto en el arte como en la industria.

          Las piedras, por su estructura química, reacciona con su entorno. Puede cambiar de color, erosionarse, combinarse con diversos productos químicos contenidos en el aire. La piedra “envejece” tanto química como físicamente, debido a la relajación de las tensiones a que ha sido sometida en el pasado geológico. “Los bloques de granito pueden aumentar en un tercio su resistencia a la compresión en sólo seis meses, por recuperarse de la pretensión natural.” [1]

 

2.       LA PIEDRA EN LA ANTIGÜEDAD Y EN LOS MITOS

 

          La piedra fue probablemente el primer material empleado por el hombre primitivo. Las primeras toscas herramientas eran simplemente piedras en bruto, empleadas como cabezas de hacha o de flecha, como mazas y como cuchillos. El primer gigantesco paso dado por la humanidad en el largo camino hacia la civilización fue el cambio de piedras en bruto a piedras elaboradas, talladas en forma burda, alteradas para formar cantos más filosos o para permitir el uso de un mango. Este simple cambio marca la transición fundamental del hombre de ser pasivo al homo faber, el hombre que aprovecha y mejora lo que le ofrece la naturaleza.

          Las piedras sirven no sólo como herramientas, sino que de forma natural se transformaron en objeto de veneración del hombre primitivo, cuya supervivencia dependía de ellas. “Frotar y pulir piedras es una actividad bien conocida y extremadamente antigua del hombre. En Europa, piedras santas, envueltas en corteza y escondidas en cavernas, han sido halladas en muchos lugares. Probablemente fueron guardadas allí por hombres de la Edad de Piedra, como conteniendo poderes divinos. Actualmente, algunos de los aborígenes australianos creen que sus antepasados muertos continuan existiendo en las piedras como poderes divinos y virtuosos, y que si ellos frotan dichas piedras el poder aumenta (como si las cargaran con electricidad), beneficiando tanto a los vivos como a los difuntos.” [2]

          La creencia en “piedras vivientes” o piedras con alma no está limitada a tribus primitivas. Un enorme número de mitos describen al hombre como nacido de piedras  [3]. En la mitología griega, Deucalión arrojó “los huesos de su madre” (piedras) sobre su hombro para volver a poblar el mundo. [4]Muchos dioses nacieron de la petra genitrix, equiparada a la “Gran Diosa”, la matrix mundi. Un ejemplo es el de Mitra, cuyo culto constituyó el principal competidor del cristianismo primitivo.     

Las rocas no sólo eran organismos vivientes, sino que crecían y evolucionaban dentro de la tierra. Las piedras preciosas, de acuerdo con la mitología hindú, se diferencian por su edad. El diamante es la más “madura” de las piedras, mientras que las esmeraldas y los rubíes están todavía insuficientemente desarrollados. [5]

          Los metales, igualmente, se creía que “nacían en la matriz de la tierra, la Gran Madre” [6]. De allí proviene la creencia de que al extraer las rocas metalíferas del seno de la tierra, se estaba arrancando el material de la matriz, y los poderes infernales debían ser apaciguados. La pureza ritual era un requisito para algunos de los artífices.

          El oro era considerado el metal más “maduro“ o perfecto, hacia el cual los demás metales evolucionan o maduran lentamente. El alquimista, entonces, sólo debía encontrar la manera de acelerar en su laboratorio ese proceso de maduración, para alcanzar en poco tiempo lo que en la naturaleza demora millones de años. Para este fin, el alquimista precisaba de un ingrediente especial, que en la terminología química actual moderna podríamos designar un “catalizador”, que sirviera para acelerar el cambio de metal bajo a metal noble. Este ingrediente es lo que denominaban los alquimistas la “piedra filosofal”.

          La piedra, entonces, es la llave del crecimiento o evolución de los otros elementos. Los paralelos entre las cavernas, el seno de la tierra, y la matriz, son por demás evidentes. El interior de la tierra era concebido por la mentalidad primitiva como un lugar de gestación donde la vida germina y se desarrolla, quizás por similitud con las plantas. El mismo significado germinal de la tierra figura en muchos rituales y mitos de crecimiento, como el mito de Demeter, representado en los Misterios Eleusinos. Las cavernas eran consideradas lugares sagrados y los oráculos generalmente habitaban en ellas.

          Los antiguos Germanos, asimismo, creían que los espíritus de los muertos continuaban viviendo en sus lápidas. La costumbre de colocar piedras sobre las tumbas (costumbre extendida entre los judíos) puede tener su origen simbólico en la idea de que algo imperecedero del difunto sigue existiendo y puede ser representado por una piedra. La piedra simboliza la experiencia más fundamental y profunda, la experiencia de la eternidad. [7]

          El cuerpo del muerto es devuelto al seno de la tierra para que continue su evolución. El máximo contacto con la tierra se logra no usando un ataúd, como en los sepelios de los judíos en Israel. También Hiram Abiv, cabe señalar, fue enterrado directamente dentro de la tierra, sin féretro.

          Dioses de piedra, o monumentos de piedra erigidos como imágenes divinas u objetos de veneración han sido conocidos desde la más remota antigüedad. Baste señalar los numerosos menhires y dolmenes esparcidos por toda la faz de Europa, así como en otros lugares. El más famoso, posiblemente, sea Stonehenge, en el valle de Salisbury en Inglaterra. Este es un sitio megalítico compuesto por varios círculos concéntricos de piedras verticales y horizontales, que guardan fascinantes relaciones astronómicas y rituales.

          E. Sidnay Hartland considera que “muchos de los mehires en Europa y Asia Menor han sido probablemente figuras de deidades. Las rocas, peñascos y piedras elevadas han sido adoradas como dioses, o habitadas por dioses, en todo el mundo. Donde quiera que el hombre ha sido impresionado por la apariencia o ubicación de una roca o peña, la ha considerado con veneración como sobrenatural, y en casos innumerables ha terminado por transformarla en un dios, trayendo ofrendas y realizando oraciones frente a ella. No es necesario citar ejemplos, ya que se encuentran en los cuatro puntos del mundo [8].

          En el libro que acabamos de citar, Theodor Reik agrega numerosos ejemplos de la piedra tomada como dios. Además, Reik propone la teoría que las Tablas de la Ley recibidas por Moisés en el Monte Sinai, no eran sino dioses de piedra, que fueron asesinados ritualmente por Moisés. Que posteriormente fue descrito como el crimen de Moisés fue el haber quebrado las tablas de piedra en un arrebato de furia provocado por la infidelidad del pueblo hacia Jehová, que lo había liberado de la esclavitud egipcia.

          Mircea Eliade ha escrito de las “hierofanías líticas”, es decir, manifestaciones dinámicas de lo sacro en forma de piedras.

          Existía la costumbre entre los paganos de untar las piedras sagradas. El escritor cristiano Arnobius, hablando de la ciega idolatría de sus días paganos, dice: “si alguna vez divisaba una piedra untada, grasienta por el aceite, acostumbraba adorarla como si en ella residiera algún poder”. [9]

          La asociación de las piedras con la divinidad quizás explica su conexión con la coronación de los reyes, que gobernaban por derecho divino. Dos ejemplos notables son la Lia-Fail de Irlanda [10] y la Stone of Scone ("piedra del destino") sobre la cual eran coronados los reyes de Escocia desde el año 838, cuando Kenneth MacAlpine la trajo de Dunstaffnage. Capturada en 1296 por el rey Eduardo I de Inglaterra, la piedra arenisca de color gris rojizo fue conservada en la abadía de Westminster en Londres, bajo el trono donde fueron coronados todos los reyes ingleses desde 1308. La piedra fue devuelta a Escocia sólo en 1996.

          Las piedras no sólo están en la tierra, sino que a veces caen del cielo. En algunas culturas primitivas se creía que el cielo estaba hecho de piedra. Los aerolitos han sido adorados en muchos lugares como encarnaciones (o debieramos decir, impetraciones) divinas. La piedra de Pesino, un meteorito adorado como Cibeles, la Gran Madre, fue traída a Roma en la época de la segunda Guerra Púnica, como consecuencia de una profecía de las sibilas. Se le edificó un templo a la piedra en el cerro Palatino.

          Los pilares de piedra erigidos por los griegos en honor del dios Hermes eran a veces sustituídos por montículos de piedras, especialmente en los cruces de caminos. Algo parecido son los Gal-ed mencionados en el libro del Génesis (ver más abajo). Cada viajero añadía una piedra al montón, en señal de homenaje y para invocar la protección del dios, quien no sólo era el guía de todos los viajeros, sino también patrono de comerciantes y ladrones. La costumbre judía de colocar una piedra sobre la lápida del difunto cuando se visita el cementerio, ya mencionada, puede estar relacionada con este rito de Hermes.

          Otro comentario relacionado con este tema lo debemos a Don Ramón Menéndez Pidal: “Existe entre muchos pueblos la muy vieja costumbre de señalar donde ha ocurrido una muerte violenta arrojando el transeúnte en aquel lugar una piedra acompañada de una oración o una maldición, según la calidad de la víctima.” [11]

          Volviendo a Hermes, éste era un dios multifacético. Su nombre sugiere la palabra griega que significa “proteger”.  Era el heraldo sacrificador de los dioses, el mesajero de Zeus, inventor de la música (habiendo inventado tanto la lira como el caramillo), patrono de la destreza gimnástica y dios de la oratoria aguda y sabia (aunque ambas características no van siempre unidas). “Así como es el guía de los seres vivientes, también es el conductor de las almas de los muertos en el mundo subterráneo, siendo tan querido por los dioses de aquellas regiones como los del alto. Por esta razón, se le ofrecían sacrificios en los casos de muerte. Las Hermeas (pilares cuadrangulares rematados generalmente con una cabeza de Hermes y a menudo provistos de un falo) eran colocadas encima de las tumbas... en general, se le consideraba el intermediario entre los mundos superior e inferior. Como había nacido en el cuarto mes, el número cuatro le era sagrado. Estando familiarizado con el mundo subterráneo, Hermes era también el dios de la minería y de los tesoros enterrados. Era asimismo dios del sueño y de los sueños. No es extraño, entonces, que se le haya relacionado con toda clase de conocimientos arcanos, llamados en su nombre herméticos. Bajo una de sus formas, la de Hermes Trismegistos (el "tres veces poderoso"), se le identificaba con el dios egipcio Thot. Hermes aparece en algunos de los grados superiores del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. En algunas logias, las varas de los Expertos (Diáconos) están adornadas con el Caduceo, ese bastón con dos serpientes entrelazadas, que Hermes llevaba en su mano. [12]

          Los romanos, cuando prestaban un juramento, sujetaban en la mano una piedra, representando la presencia de Zeus-Júpiter. La llamaban Jupiter Lapis, la piedra de Júpiter. El mismo dios era también el dios de la lluvia y los romanos celebraban un festival llamado Aquaelicum, durante el cual los sacerdotes introducían en la ciudad una piedra cilíndrica llamada lapis manalis.  [13] Se recordará, también, que Zeus (Júpiter) se salvó de ser devorado por su padre Cronos gracias a que su madre lo cambió por una piedra. La equivalencia mítica entre piedra y ser humano no podría ser más clara. También recordaremos que la Medusa, o Gorgona, transformaba los hombres en piedras. La palabra latina lapis, que significa piedra, está relacionada con otras palabras de origen latino: “lapidario”, que es un adjetivo que se relaciona con las piedras preciosas o un estilo conciso y tajante, apropiado para ser inscrito en las lápidas, y “dilapidado”, es decir, cuyas piedras han sido dispersas o que faltan.

 

3.       LA PIEDRA EN LA TRADICIÓN JUDÍA

 

          Ya hemos mencionado la posible naturaleza divina de las Tablas de la Ley, las piedras donde Dios grabó los diez mandamientos.

          Las piedras sagradas, o pilares, llamados en hebreo Matzevot, son mencionados por Heródoto (siglo V AEC) figurando en varios lugares del Antíguo Testamento. En la Biblia se relata que Jacobo, cuando concluyó un pacto con Labán, erigió un memorial de piedra, que llamó Gal-Ed, es decir, “Pilar del Testimonio” [14]. Josué, después de haber cruzado el río Jordán, tomó doce hombres, uno de cada tribu, y les ordenó tomar doce piedras del medio del río y ponerlas en sus campamentos. Luego, cada uno debía llevar la piedra sobre el hombro, como memorial de haberse partido las aguas del Jordán. Luego, Josué levantó doce piedras en medio del Jordán, en el lugar donde pisaron los sacerdotes que llevaban el Arca de la Alianza. [15] Finalmente, Josué erige en Gilgal las doce piedras que había traído del Jordán. [16]

          Posteriormente, Josué erigió un pilar de piedra grabado con la Torá, la ley religiosa hebrea, como testimonio de la renovada alianza del pueblo hebreo con Jehová en Sichem.  [17] Esto recuerda los doce pilares de piedra erigidos por Moisés junto al altar de los sacrificios. Samuel erigió una piedra que llamó Eben-Ezer (Piedra del socorro) para conmemorar la victoria de los israelitas sobre los filisteos en Mizpah. [18]

          Adonía ofrece un sacrificio junto a la peña llamada Zohelet (Regocijo), cerca de la fuente de Rogel.  [19] El hecho que la roca tenga un nombre propio indica que era sitio común de veneración.

          La escala de Jacobo, que figura en lugar central en la Plancha Trazada del Apendiz (véase “Las Planchas Trazadas” en Las Canteras Masónicas de este autor) está relacionada de forma directa con el pilar de piedra erigido por Jacobo después de su sueño, cuando Jacobo usó la misma piedra como almohada. Jacobo designa el lugar Beth-El, es decir, la casa de Dios. De acuerdo con el comentario de Reik, la piedra misma es una imagen de Dios y sólo en esta forma se puede entender la unción. [20]

          Esta identidad original entre la piedra, el ser humano y la divinidad antropomórfica nos aclara la expresión: “Mirad la piedra de donde fuisteis cortado, y la caverna de la fosa de donde fuisteis arrancados” [21]. Nuevamente encontramos aquí la sugerencia de la piedra (el hombre) que nace en la caverna, en el seno de la tierra.

          Para una explicación de la piedra como símbolo del yo, véase a Jung.  [22] Tallar la piedra podría ser tomado como herir la divinidad. Esto explicaría la antigua prohibición de usar piedras talladas para levantar un altar.  [23]  En el versículo citado, la palabra “herramienta” es sustituída por “espada”. La herramienta de corte es asimilada aquí a la espada, el arma que mata. Un eco de esta prohibición se encuentra en el hecho de que mientras se construía el Templo del rey Salomón en Jerusalén, no se escuchaba en el lugar de la construcción ruido de martillos y cinceles ni de ninguna herramienta metálica. [24] Según una leyenda talmúdica, Salomón poseía una herramienta milagrosa en forma de gusano (llamado "shamir"), para cortar las piedras sin usar metales (¿ un rayo láser ?). El concepto de que el metal está relacionado de cierta manera con lo demoníaco y mágico de la naturaleza, mientras que la piedra está relacionada con sus aspectos positivos, lo ha tratado detenidamente Mircea Eliade en su libro ya mencionado (ver la nota 4). El aspecto demónico de los metales también ayuda a entender por qué una persona debe ser desprovista de todo metal antes que pueda ser iniciado. Otra manifestación de este concepto es la tendencia a no colocar objetos metálicos sobre la Biblia. Muchas logias preparan herramientas especiales de madera (escuadra y compás) para ser usadas sobre el altar.

 

4.       LA PIEDRA EN LA TRADICIÓN CRISTIANA

 

          También en las tradiciones cristianas, el simbolismo de la piedra adquiere importancia relevante. El mejor ejemplo, sin duda, es el de Pedro (Petrus), el pescador, a quien Jesús le dice: “tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia”. [25]   En otro lugar, Cristo es comparado con una piedra. [26] Un interesante pasaje en el libro del Apocalipsis (Cap. 2, v. 17) menciona un guijarro blanco con un nombre secreto escrito en él, que sólo quien lo recibe lo puede comprender.

          Curiosamente, el nombre Caifás, el sumo sacerdote al tiempo del juicio de Jesús, también significa “roca”, derivado de la palabra aramea kefa. [27]

          De acuerdo con una historia relatada por Marco Polo en su libro de viajes, los tres Reyes Magos recibieron del infante Jesús un regalo, un pequeño cofre que, al ser abierto, resultó contener una piedra. Los tres reyes de oriente, sin darse cuenta del significado del obsequio, arrojaron lo que suponían ser una piedra sin valor al fondo de un pozo. Entonces bajó al pozo un fuego del cielo. Observando el milagro, los reyes se dieron cuenta demasiado tarde que la piedra que habían desechado representaba simbólicamente la firmeza y la constancia en la fe que se esperaba de ellos. Arrepentidos, los reyes tomaron consigo algo del fuego descendido del cielo y lo llevaron a sus respectivos países. Esto, dice la leyenda, es el origen de los adoradores del fuego de Persia. [28]

          El Papa, como sucesor en línea directa de Pedro, es llamado el Santo Padre. La conexión entre Padre (pater) y piedra (petra) es evidente. En el idioma hebreo, igualmente, las mismas letras (alef y bet) que forman la palabra padre (av) aparecen en la palabra piedra (even: alef, bet, nun).

          El Santo Grial, generalmente descrito como una copa, no era metálico, sino hecho de piedra de la más dura calidad, llamada lapis exillas, lo que trae a la mente la lapis philosophorum de los alquimistas. Según otra versión, la copa estaba hecha de esmeralda, otra forma de piedra. [29]

 

 

5.       LA PIEDRA EN LA TRADICIÓN ISLÁMICA

 

          El monumento central en culto de los musulmanes es la Ka’aba, la Piedra Negra que se encuentra en la ciudad de La Meca. Cada musulmán piadoso debe hacer por lo menos una vez en su vida el peregrinaje a La Meca (el Haj) y una vez allí, hacer siete circunvalaciones alrededor del santuario cúbico donde se halla empotrada la Ka’aba. Los peregrinos asimismo arrojan piedras a los pilares que representan el demonio en la vecindad de Mina. [30]

          En la Mezquita de la Roca, en Jerusalén, existe una piedra desde la cual, según la tradición, Mahoma saltó al cielo montado en su mula blanca Al Burak. La mezquita fue erigida en el monte Moriá, supuestamente sobre el lugar donde se encontraba situado el Santo de los Santos del templo salomónico.

 

6.       LA PIEDRA EN LA TRADICIÓN MASÓNICA

 

          En el curso de este capítulo ya hemos mencionado algunos ejemplos de la piedra dentro del simbolismo masónico.

          En las leyendas del Arte Real, la piedra juega un papel principal. Comenzando con el aprendiz, a quien se le insta a pulir la piedra bruta con mazo y cincel, y culminando con las diversas piedras que figuran en las leyendas del grado de la Marca, del Arco Real y algunos grados del Rito Escocés. En numerosas ceremonias masónicas interviene la piedra en una u otra forma.

          Al comienzo de la ceremonia de iniación en el Rito Escocés, el candidato es introducido en un pequeño cuarto, la Cámara de Reflexión, donde debe meditar en la soledad, contemplando símbolos de muerte y la leyenda misteriosa VITRIOL, que son las siglas de una inscripción latina que significa “visita el interior de la tierra y rectificando (es decir, purificando) encontrarás la piedra oculta.” La iniciación comienza con este episodio de purificación, que se refuerza con el despojo de los metales, que ya ha sido mencionado.

          Después que concluye la ceremonia de iniciación, el neófito es ubicado en la esquina noreste de la logia, y se le explica que él representa la piedra angular del Templo Universal que construye la Francmasonería.

          En la literatura masónica, es frecuente la comparación entre los masones y las piedras. En el libro Long Livers (“Longevos”), publicado en Londres en 1722 (cinco años después de la fundación de la primera Gran Logia), encontramos esta concisa y clara definición: “vosotros sois piedras vivientes, edificadas en una casa espiritual, que creen y confían en la Piedra Angular (en el original:  Lapis Angularis) central, que los rebeldes y desobedientes constructores rechazaron” [31]. Esta frase, sin duda, está basada en el conocido versículo del Salmo 118: “la piedra rechazada por los constructores, ha venido a ser cabeza de ángulo (piedra angular)”.

          G.W. Speth aduce numerosas pruebas para demostrar su tesis, según la cual la piedra angular es un símbolo que representa el sacrificio practicado en la antigüedad, destinado a prestarle al nuevo edificio un alma protectora. [32]

          En el curso de su progreso en la Orden, el aprendiz eventualmente alcanza el sublime grado de Maestro Masón y participa entonces en un crimen que aparentemente no tiene relación alguna con la piedra. Sin embargo, la explicación del Hermano Speth recién mencionada puede darnos la clave para entender mejor la ceremonia. Sea como fuere, en la iniciación el candidato juega el papel de piedra angular, mientras que en las ceremonias de constructores operativos la piedra angular juega el papel de víctima humana.

          En el Manuscrito Edinburgh Register House, que data de 1696, las joyas de la logia incluyen el Perpend Esler (sillar perpendicular: es decir, un sillar colocado a través en el muro) y algo llamado Broad Ovall, que se supone ser una corrupción de Broached Dornal, es decir, una piedra tallada. [33] Algo parecido aparece en el manuscrito Chetwode Crawley, de cerca de 1700: Perpendester y Broked-mall. [34]

          El trabajo del masón está descrito de la siguiente manera en el manuscrito Dumfries N÷ 4 (c. 1710): “trabajar en toda clase de dignas obras de piedra: Templo, iglesias, conventos, ciudades, castillos, pirámides, torres y todos los demás edificios dignos de piedra. [35] En el mismo manuscrito hallamos una referencia a los “dos pilares de piedra”, uno que no podía sumergirse en el agua, y el otro que no podía arder, que contenían todo el noble arte o ciencia.” [36] En el grado Royal Ark Mariner, se coloca en el altar una piedra de pórfido en vez del V.S.L.

          Podría extenderme en dar ejemplos del uso simbólico de la piedra en los rituales masónicos, pero sería insistir en lo evidente. Para concluir, los profundos y variados significados de la piedra como objeto físico y como símbolo tornan fácilmente comprensible que el arte de la construcción haya sido elegido como un vehículo apropiado para transmitir las enseñanzas filosóficas e iniciáticas envueltas en alegorías y símbolos, que constituyen la Francmasonería moderna.

          El Masón, tallador de la piedra, guarda muchos atributos en común con el sacerdote y el demiurgo, aquel que en la filosofía platónica significa el arquitecto ejemplar del mundo de las formas.

 

NOTAS

 

 

[1]             Winkler, E.M., Stone: properties, durability in man’s environment, Spring-Verlag, reseñado por Morrison, Phillip, Scientific American, abril de 1984, p. 123.

 

[2]             Citado por Bent Parodi, “La Pietra come Simbolo dello Spiritu Umano”, Hiram, N÷ 12, diciembre de 1987, p. 372.

 

[3]             Franz, M. L. von, “The Process of Individuation”, en Man and his Symbols, ed. por Carl G. Jung, Doubleday & Co., Nueva York, 1964.

 

[4]             C. G. Jung, Alchemical Studies, Rutledge & Kegan Paul, London 1967 (paperback 1983), p. 99.

[5]             Ver la bibliografía en Eliade, Mircea, Forgerons et Alchimistes, Flammarion, París 1956, Nota G.

 

[6]             Bent Parodi, op. cit.

 

[7]             Eliade, op. cit., Capítulo 4, passim.

 

[8]             Citado en Reik, Thodor, Ritual, The International Psycho-Analytical Library, Londres 1931.

 

[9]             Arnobius, Adversus Nationes, I, 39.

 

[10]            Cirlot, J.E., A dictionary of Symbols, Dorset Press, Nueva York 1991, p. 314.

 

[11]            Don Ramón Menéndez Pidal, “Córdoba y la Leyenda de los Infantes de Lara”, en Los Godos y La Epopeya Española, Espasa-Calpe, Colección Austral, Madrid 1965, p. 328.

 

[12]            Seyffert, Oskar, Dictionary of Classical Antiquities, Meridian Library, Nueva York 1956, sub voc. “Hermes”.

 

[13]            Seyffert, op. cit. sub voc. “Júpiter”.

 

[14]            Génesis, Cap. 31, vers. 45-48.

 

[15]            Josué, Cap. 4, passim.

 

[16]            Ibid, vers. 20.

 

[17]            Josué, Cap. 24, vers. 25-27.

 

[18]            1 Samuel, Cap. 7, vers. 12.

 

[19]            1 Reyes, Cap. 1, vers. 9.

 

[20]            Reik, op. cit., p. 356.

 

[21]            Isaías, Cap. 51, vers. 1.

 

[22]            Jung, Carl G., Von des Wurzeln des Bewussteinis, Zürich 1954, pp 200 et seq., 415 et seq., 449 et seq.

 

[23]            Véase, por ejemplo, Génesis, Cap. 20, vers. 25.

 

[24]            1 Reyes, Cap. 6, vers. 7. Otra interesante posibilidad es que las piedras empleadas para construir el templo hayan sido extraídas en la cantera subterránea llamada Caverna de Sedecías, cuya entrada está en la parte occidental de la ciudad vieja de Jerusalén. Su profundidad habría evitado  que el ruido se escuchara en el sitio del templo.

 

[25]            San Mateo, Cap. 16, vers. 18.

 

[26]            1 Corintios, Cap. 10, vers. 4.

 

[27]            Klein, Ernest, A Comprehensive Etymological Dictionary of the Hebrew Language for readers of English, Carta, Jerusalén 1987, p. 666 sub. voc. “kaph”.

 

[28]            Polo, Marco, The Travels of Marco Polo, Penguin, Londres 1958, pp. 28-29.

 

[29]            Pisani, Paolo, “Considerazioni Muratorie sul Graal”, Hiram, N÷ 12, diciembre de 1987, p. 371.

 

[30]            Gibb, H.A.R., Mohammedanism, Mentor Book, The New American Library, Nueva York 1955, p. 57.

 

[31]            Knoop, Jones y Hamer, Early Masonic Pamphlets, Londres 1978, p. 44.

 

[32]            Speth, G.W., “Builder’s rites and ceremonies: the folklore of Masonry”, Ars Quatuor Coronatorum, Vol. 89 (1977), pp. 139-168.

 

[33]            Knoop, Jones y Hamer, The Early Masonic Catechisms, Londres 1975, p. 32.

 

[34]            Ibid, p. 38.

 

[35]            Ibid., p. 54.

 

[36]            Ibid, p. 67.

© 2017 Leon Zeldis
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