
ANTIMASONERIA EN RUSIA
Leon Zeldis
La historia de la masonería en Rusia ha sufrido los avatares de la historia de este inmenso país, cuna de tiranos y místicos, músicos, escritores y científicos. Durante casi toda su historia, Rusia vivió bajo gobiernos autocráticos, encabezados ya sea por un zar (o zarina), o por un líder político dictatorial que no admitía oposición, quien veía las logias masónicas como posibles focos de organización contrarrevolucionaria. Durante los períodos cuando gobernaba un mandatario de espíritu más liberal, la masonería podía existir y desarrollarse, pero generalmente dichos períodos fueron breves, terminando con brutales persecuciones y el exterminio de las logias masónicas.
No se sabe con exactitud cuándo comenzaron a establecerse logias masónicas en Rusia. La historia está mezclada con la leyenda. No es éste el objeto de nuestro trabajo de manera que nos limitaremos a consignar que los autores están generalmente de acuerdo en que el zar Pavel o Pablo I (1754-1801), hijo de Catalina II la Grande, fue masón. Pavel gobernó entre 1790 y 1801 y al parecer ya durante su reino comenzaron a funcionar algunas logias. La primera logia rusa de la que tenemos pruebas documentales es la Logia de Perfecta Unión, que recibió su carta constitutiva de la Gran Logia de Inglaterra el 1° de junio de 1771. La mayoría de sus integrantes eran comerciantes ingleses establecidos en San Petersburgo, que era entonces la capital del imperio.
El masón israelí Nisan Saz, iniciado en Israel pero de origen ruso, escribió haber visto en los sótanos del Museo Shuzayev de Arquitectura un mandil que le aseguraron haber pertenecido al Zar Pavel. Asimismo, dicho hermano declaró haber visto un cuadro que muestra al zar vistiendo el mandil. Aunque estas informaciones no constituyan una prueba concluyente, la opinión de los investigadores masónicos es que Pavel sí fue masón, aunque no se sabe ni dónde ni cuándo ingresó a la masonería. [1]
El verdadero florecimiento de las logias masónicas ocurrió bajo su sucesor, el Zar Alejandro I, quien gobernó desde 1801 hasta 1825. En esa época, un número considerable de aristócratas rusos ya eran masones, habiendo sido iniciados durante sus frecuentes viajes al resto de Europa, especialmente Francia. Un autor hacer destacar la popularidad que había ganado la masonería en los círculos aristocráticos con estas palabras: “Tantos rusos prominentes de la segunda mitad del siglo XVIII y comienzos del XIX eran Francmasones que sería más sencillo enumerar aquellos que no lo eran, en vez de aquellos que sí lo eran.” [2] Los hermanos rusos solicitaron de la Gran Logia de Inglaterra que nombrara a Iván Yelagin como Gran Maestro Provincial, y esta petición fue aprobada en 1772. Yelagin (1725-1794) era una personalidad importante en la corte imperial, de familia aristocrática, senador, coronel en el ejército ruso, consejero de la zarina Catalina II la Grande, director de los teatros de la corte y editor de los escritos de la zarina. "Yelagin estudió hebreo, Cabalá, teosofía, física y química, y tradiciones egipcias con el Dr Ely, un judío converso y Masón.” [3] En realidad, Yelagin estaba involucrado en todos los aspectos de la vida de la corte. El Conde Cagliostro se alojó en su residencia y lo menciona Casanova en sus memorias. Probablemente, su actividad en la Masonería despertó las sospechas de la zarina Catalina y contribuyó a su caída a comienzo de los años 80 del siglo XVIII. [4]
No caben dudas de que todas las primeras logias rusas fueron fundadas por extranjeros, generalmente ingleses, escoceses y alemanes. Las primeras logias de las que tenemos noticia fueron fundadas entre 1771 y 1787, la mayoría de ellas en San Petersburgo y otras en Yassay, Moscú, Helsingfors (Finlandia, entonces parte de Rusia) y Riga. Todas recibieron carta patente de la Gran Logia de Inglaterra.
Es importante anotar el hecho que cinco de estas logias, (tres en San Petersburgo, una en Moscú y una en Yassay) pidieron y obtuvieron simultáneamente sus cartas constitutivas en 1774. Es lógico suponer que dichas logias ya existían anteriormente, y sólo decidieron regularizar su situación solicitando un diploma de la Gran Logia de Inglaterra.
Yelagin agregó diversos grados a los tres grados simbólicos, armando una escala de siete grados. [5] Además, en San Petersburgo funcionaba un Capítulo del Rito de Estricta Observancia, un rito cristiano basado en leyendas sobre los Templarios, establecido por el Barón von Hund en Alemania alrededor de 1755. De allí su rito se esparció rápidamente por los países de Europa central y oriental, donde gozó de gran popularidad. En 1771 la situación en Rusia se complicó aún más, con la llegada del Rito Zinnendorf, un derivado del Rito Sueco, también de carácter netamente cristiano y trinitario, con grados Templarios. [6] Fabio Martelli explica esta tendencia al misticismo en la masonería rusa de la siguiente manera:
“Fuertemente ligada por razones políticas y también culturales a las logias de Europa del Norte más que a las inglesas, la masonería rusa absorbió de ellas una fuerte propensión a expresar en términos místicos la experiencia esotérica, y por lo tanto fueron Boehme, Swendenborg y San Martin las fuentes de inspiración mayormente seguidas por sus adeptos.” [7]
En 1776 se estableció finalmente la primera Gran Logia Nacional de Rusia, trabajando un sistema de siete grados, pero sólo tres años más tarde ya se produjo una división, al comenzar a funcionar una Gran Logia de Distrito del Rito Sueco, encabezada por el Príncipe Gagarin. Un gran número de aristócratas y miembros de la nobleza rusa ingresaron a las logias en esa época, lo que no fue del agrado de la Zarina Catalina la Grande (gobernó 34 años, entre 1762 y 1796), quien desconfiaba del secreto de las reuniones masónicas, sospechando que pudieran servir para organizar células con fines políticos o religiosos que atentaran el orden público. Catalina también rechazaba de forma absoluta los movimientos místicos de cualquier clase, tales como los rosacruces y los Martinistas. Esta tendencia natural suya se exacerbó después de la rebelión de los siervos bajo el liderazgo de Yemelian Pugachov, que tuvo lugar entre los años 1773-75 y que amenazó la estabilidad del régimen. En 1782, seis años después de la fundación de la Gran Logia, Catalina declaró fuera de la ley a todas las organizaciones secretas, pero excluyó por el momento a las reuniones masónicas.
La Zarina Catalina se encontraba ante un dilema. Por una parte, su desconfianza ante todo tipo de organización secreta la impulsaba a prohibir también la masonería, que en aquellos años mantenía un riguroso silencio oficial acerca de sus actividades, pero por otro lado, la masonería rusa era elitista, sus miembros pertenecían a la clase alta, como hemos señalado, y muchos personajes de la corte eran masones, y podemos suponer con cierto grado de seguridad que ellos tranquilizaban a Catalina informándole de lo que realmente transcurría dentro de los templos masónicos. Prohibir a la masonería significaría ganarse la enemistad de numerosos aristócratas, muchos de ellos militares de alto rango, que garantizaban la estabilidad del régimen. Un factor adicional que influía negativamente en su ánimo era el hecho de que, siendo mujer, le estaba prohibido ingresar a la masonería. [8]
Todavía más, otros factores entraban en juego. El principal enemigo doméstico de Catalina era su malvado hijo, el Gran Duque Pablo, quien había ingresado a una logia del Rito Zinnendorf o sueco por invitación del rey de Suecia Gustavo III. Por otro lado, el mayor enemigo de Rusia en el plano internacional era Prusia, cuyo gobernante, el Emperador Federico II, era asimismo un prominente Masón (se le atribuyen las Grandes Constituciones de 1786, que constituyen el fundamento del Rito Escocés Antiguo y Aceptado). No es de extrañar, entonces, que a Catalina le pudiera parecer que los masones y la masonería constituían para ella un peligro permanente. En 1794 la emperatriz tomó una decisión final y pese a las consideraciones que mencioné más arriba, prohibió cualquier actividad masónica en toda Rusia. Yelagin clausuró inmediatamente todas las logias y el General Prosorovsky, Gobernador de Moscú, tomó a su cargo suprimir totalmente la masonería. Algunos masones, como el periodista Nicolai I. Novikov (1744-1816), fueron arrestados. Novikov pertenecía a una logia involucrada en el Rosacrucianismo. Como podemos ver, la prohibición estaba motivada por razones políticas, y no religiosas, a diferencia de lo que ocurría en la Europa occidental, donde el principal enemigo de la Masonería era la Iglesia Católica.
Cuando Pablo, el hijo de Catalina, ascendió al trono en 1796, muchos masones esperaban que la prohibición fuera levantada, pues sabían que el mismo Pablo pertenecía a la Orden. Sin embargo, Pablo I no hizo nada para legalizar la masonería, [9] aunque tampoco tomó medias contra ella, y liberó a Novikov y otros masones que estaban encarcelados. Las logias comenzaron a reorganizarse de forma clandestina. El reinado de Pablo fue breve, pues murió asesinado el 23 de marzo de 1801, siendo sucedido por su hijo Alejandro I, quien gobernó entre 1801 y 1825.
El Zar Alejandro I tenía una opinión más positiva acerca de la masonería, aunque pasaron diez años antes de que se decidiera a levantar oficialmente la prohibición, lo que hizo sólo en 1810. Comenzó entonces una época de oro de la Orden, que creció de forma notable, con el ingreso de numerosos aristócratas, como el Gran Duque Constantino (hermano de Alejandro I) y el príncipe Nicolás Trubetzkoy . El mismo año se reconstituyó la Gran Logia de Rusia, y el futuro de la masonería parecía ser promisor.
La realidad, sin embargo, fue distinta. Para comenzar, la masonería rusa seguía dividida y las pugnas internas también se traducían al exterior. Algunos hermanos aspiraban a crear una masonería regular, con relaciones de reconocimiento mutuo con la Gran Logia de Inglaterra y otras grandes logias regulares, mientras que otro sector de la Orden pretendía seguir el camino de las órdenes caballerescas, ahondando en los misterios místicos de la orden rosacruz y del Cristianismo.
Pese a sus divisiones internas, los masones lucharon patrióticamente contra la invasión napoleónica. El Mariscal Mijael Kutusov, jefe de las fuerzas armadas rusas y organizador de la derrota de los ejércitos franceses, era masón (iniciado en la Logia zu den drei Schusseln de Ratisbona), como asimismo lo fueron muchos de los altos oficiales de su ejército. Es una ironía de la historia que muchos de los oficiales franceses también eran masones.
En 1815, se produjo una división en dos Grandes Logias rivales: una, la Gran Logia de Distrito del Rito Sueco, y la otra, la Gran Logia Astrea, que reivindicaba la obediencia de solamente los tres primeros grados, pero dejando a sus logias en libertad de acción respecto a los grados superiores.
En pocos años, la situación llegó a ser un caos de grados, ceremonias y ritos en conflicto unos con otros. La masonería se debilitó y perdió prestigio. Algunas logias permitieron el ingreso de personas no idóneas, que buscaban promover sus ideologías políticas y religiosas al amparo de la discreción masónica.
En 1820, Igor Andrevich Kushelev fue elegido como Diputado Gran Maestro de la Gran Logia Astrea, que ya contaba con 25 logias y aproximadamente 1000 miembros. Kushelev era un honesto masón, muy religioso y conservador en sus ideas políticas, que contemplaba con horror la multiplicación de movimientos subversivos que se escondían bajo el manto de la masonería. En un intento de poner coto a esta situación, Kushelev elevó un informe al Zar Alejandro, detallando lo que pasaba, explicando su incapacidad para corregir los desmanes de algunos elementos de los diversos cuerpos masónicos y advirtiendo de los peligros si no se tomaban medidas para corregir la situación. La solución que propuso fue poner la Orden bajo el estricto control de las autoridades policiales, para así evitar que fuera explotada por elementos indeseables.
Por nueve meses el zar no tomó medida alguna, pero poco a poco fue recibiendo noticias sobre las actividades de sociedades revolucionarias en diversos países europeos. Finalmente, en 1822 un masón prusiano, el Conde Gaugwitz, presentó un informe a los emperadores de Prusia y de Rusia, recomendando la clausura de todas las logias masónicas. El resultado fue drástico, por decreto imperial de fecha 1° de agosto de 1822, se prohibía absolutamente la masonería en el imperio ruso y fueron clausuradas las logias.
Sin embargo, según demuestra el historiador Andrei Ivanovich Serkov, [10] las logias continuaron funcionando de forma clandestina, estudiando, intercambiando y distribuyendo manuscritos y manteniendo debates internos. Sólo después del levantamiento de diciembre de 1825 (ver detalles más abajo) el decreto imperial de 1822 fue refrendado en 1826 por el Zar Nicolás I marcando el fin de la Masonería regular rusa durante casi cien años. En este caso, como sucedió antes en la época de Catalina la Grande, la persecución a la masonería fue provocada por razones políticas y no religiosas, en que los masones mismos no estaban exentos de culpa. Una prueba de la ausencia de hostilidad religiosa a la masonería rusa es la presencia de clérigos rusos ortodoxos en las logias, incluyendo arzobispos tan importantes como Filareto, Metropolitano de Moscú, traductor de la Biblia al ruso, filólogo y filósofo. Según Tschelakow “las iglesias ortodoxas rusas nunca condenaron, sea en conjunto, sea individualmente, a la masonería. El Patriarca Atenágoras I fue masón grado 33°”. [11]
En la famosa biblioteca del Museo Rumyantzev de Moscú se conservó un gran número de documentos relacionados con la masonería, y allí acudió el escritor Leo Tolstoy para recabar las informaciones que precisaba para escribir una parte de La Guerra y la Paz, donde su héroe, Pierre Bezujov, es iniciado en la Masonería. No existe ninguna prueba de que Tolstoy haya sido masón. [12]
A pesar de haber sido extinguida oficialmente, la influencia de la masonería siguió estando presente. En Diciembre de 1825 tuvo lugar un movimiento revolucionario que pretendía introducir reformas democráticas en el régimen autocrático zarista. Los revolucionarios, conocidos como “Decembristas”, eran militares relativamente jóvenes, inspirados en los ideales de emancipación del “siglo de las luces” y que recibieron con entusiasmo las noticias de la revolución estadounidense y las guerras de emancipación de las colonias españolas en América Latina. Pretendían la abdicación del Zar Nicolás I para entregar el poder a su hermano Constantino. Como anota el historiador Lauren G. Leighton, “La mayoría de los Decembristas eras Francmasones, miembros de logias que pertenecían a la Gran Logia de Astrea, Oriente de Petersburgo... Las primeras asociaciones decembristas y las sociedades literarias influenciadas por ellas a menudo compartían los mismos miembros de las logias masónicas. Las actividades decembristas llevan el sello de los ideales masónicos de progreso social, filantropía, perfectibilidad intelectual y el uso de medios secretos para alcanzar fines morales.” [13]
La fracasada revolución Decembrista ahondó aún más el odio a la masonería. Sólo después de casi un siglo de oscuridad, un renacimiento fugaz tuvo lugar a comienzos del siglo XX, cuando algunos masones comenzaron a reunirse después del Manifiesto de 1905 garantizando el derecho de asociación en Rusia. En 1908 dos logias pertenecientes al Gran Oriente de Francia levantaron columnas en San Petersburgo y en Moscú, respectivamente. La Gran Logia de Francia estableció igualmente dos logias y posteriormente otras se abrieron en Kiev y en Nijni-Novgorod.
Este desarrollo no contaba con la aprobación de gran parte de la cúpula del gobierno. Más importante todavía, había personajes en la corte que pretendían liberalizar el régimen, para contrarrestar el descontento general producido por la humillante derrota sufrida en la guerra contra Japón (1904-1905) y la paupérrima situación de las masas, tanto urbanas como campesinas. Los sectores conservadores, que se oponían férreamente a cualquier liberalización, utilizaron el antisemitismo popular como un medio de distraer a las gentes, y para atacar al líder de los reformistas, el Conde Witte, uno de los ministros principales del Zar, quien estaba casado con una mujer judía. La policía secreta rusa, la Ojrana, inventó entonces una pretendida confabulación judía para conquistar el mundo por intermedio de las logias masónicas. Este fue el origen de la famosa fantasía antisemita llamada “Los Protocolos de los Sabios de Sión”. [14]
No siendo el tema específico de este trabajo, me limitaré a mencionar que el historiador ruso Mijail Lepejine publicó en 1999 un reportaje en la revista francesa L´Express, basado en sus investigaciones en los archivos rusos recientemente abiertos al público, aclarando quién fue el verdadero autor de los Protocolos. Se trataba de Mathieu Golovinski, miembro de una aristocrática familia rusa que trabajó como espía y propagandista para el servicio secreto del Zar, antes de cambiar de lado, uniéndose a los Bolcheviques. [15] Golovinski, quien nació en 1865, estudió brevemente leyes antes de ser introducido a la Santa Hermandad, una sociedad secreta antisemita que publicaba frecuentemente periódicos y documentos falsificados para atacar a los elementos revolucionarios en la sociedad rusa.
Usando sus contactos en la Santa Hermandad, Golovinski encontró trabajo en el departamento de prensa zarista, publicando reportajes en los periódicos y sobornando algunos periodistas. Después que el escritor Máximo Gorki lo delató como informante del gobierno, Golovinski emigró a París, donde la policía secreta rusa lo empleó para publicar artículos favorables a Rusia en la prensa francesa. A fines de 1900, o comienzos de 1901, Golovinsky comenzó a trabajar en la redacción de los Protocolos, que fueron finalmente publicados en Rusia en 1905 como si fueran obra del sacerdote ruso Sergius Nilus.
Cuando estalló la primera Guerra Mundial (1914), existían en Rusia unas 40 logias dependientes del Gran Oriente de Francia. Muchas abatieron columnas durante el conflicto, mientras que otras sobrevivieron y sus miembros incluso tomaron parte en la revolución que comenzó en marzo de 1917. Dichas logias eran irregulares (clandestinas es el término correcto) y de hecho fueron creadas con fines políticos. Los revolucionarios que establecieron en Petrograd (San Petersburgo) un gobierno provisorio con la intención de instaurar un sistema democrático en el país no fueron capaces de mejorar la caótica situación producida por la guerra. Después de un breve período de gobierno encabezado por Alexander Kerensky, el 7 de noviembre de 1917 se estableció el gobierno bolchevique y comenzó una cruenta guerra civil entre ellos, los Rojos, y los partidarios del Zar, los Blancos, muchos de cuyos oficiales eran masones. Las fuerzas rojas fueron gradualmente conquistando todo el país, y los rusos blancos, después de fracasar en su lucha contra los bolcheviques, salieron al exilio, especialmente en Francia, donde los masones rusos continuaron sus labores masónicas en logias de emigrados. El escritor ruso Valerian Obolensky publicó una extensa lista de masones rusos que se exiliaron después de la revolución bolchevique, incluyendo figuras como los príncipes Vladimir V. Bariatinsk y Grigory Lvov, Ossip Bernstein, gran maestro de ajedrez; y otros. [16]
En Rusia, después del triunfo de la revolución bolchevique, las logias fueron toleradas en un comienzo. Sin embargo, esta situación no duró mucho tiempo. En marzo de 1919 nació en Moscú la Tercera Internacional Comunista. Como escribe el historiador italiano Marco Novarino: “La Internacional no era solamente un organismo de unión de los partidos nacionales, como había sido la Segunda Internacional, sino que era una estructura jerárquicamente centralizada que establecía la estrategia de todo el movimiento comunista imponiendo a cada partido miembro las tareas necesarias para desarrollar y consolidar la revolución mundial”. [17]
En el primer Congreso de la Internacional, celebrado en Moscú en marzo de 1919 el tema de masonería no fue tratado, pero ya en el segundo, iniciado en San Petersburgo y continuado en Moscú en agosto de 1920, la delegación italiana intentó introducir una cláusula en las condiciones para que un partido fuera aceptado como miembro de la Internacional, obligando a que expulsara de sus filas a los pertenecientes a la masonería, por ser considerada una organización pequeño-burguesa. La moción fue ignorada, principalmente, porque los comunistas asistentes consideraban obvia la incompatibilidad entre la masonería y el comunismo.
En el Tercer Congreso de la Internacional la situación empeoró, pues León Trotsky, que en aquella época gozaba del mayor prestigio dentro de la Internacional después de Lenin, propuso prohibir oficialmente la adhesión a la masonería a todos los miembros del partido. Según Trotsky, el espíritu burgués, la ritualidad y el secreto masónico representaban un grave peligro para la acción revolucionaria y por lo tanto era inadmisible en la dictadura del proletariado. La solidaridad, “principio básico de la masonería, constituye un serio obstáculo para la acción revolucionaria. La masonería representa una gran fuerza social, y por sus reuniones secretas y la absoluta discreción de sus miembros representa una especie de estado dentro del estado”. [18]
Las indicaciones de León Trotsky fueron aprobadas por el Congreso y desde entonces todos los partidos participantes prohibieron a sus miembros ingresar a las logias masónicas. Trotsky se convirtió en un acérrimo enemigo de la masonería, condenándola en sus escritos, y todas las resoluciones antimasónicas adoptadas por la Internacional Comunista expresan su antagonismo.
En 1922 la masonería rusa recibió un nuevo golpe mortal cuando el cuarto Congreso de la Internacional Comunista (Moscú 30.11 al 5.12.1922) escuchó un fulminante discurso de Trotsky sosteniendo que “los comunistas deben afirmar la completa y absoluta, implacable incompatibilidad entre el espíritu revolucionario y el espíritu de la pequeña burguesía masónica, instrumento de la gran burguesía”, [19] posición que fue aprobada con estruendosos aplausos. Trotsky escribió un artículo sobre “La masonería fuerza contrarrevolucionaria”, que tuvo gran resonancia mundial. En el ámbito de la Rusia soviética, el resultado fue funesto para la masonería local. Algunas logias abatieron inmediatamente sus columnas, y si bien otras continuaron una existencia precaria, sabían muy bien que su supervivencia era limitada.
Cuatro años más tarde, el hermano Astromov, un masón involucrado en una forma de Masonería rosacruciana y que había fundado logias en Leningrado, Moscú, Tiflis y Kiev, le presentó al dictador Stalin una petición para legalizar las logias, permitiendo su funcionamiento bajo el patrocinio y la supervisión oficial. No sabemos exactamente cuál fue el motivo para que Astromov planteada una iniciativa tal, considerando la mentalidad paranoica del dictador. El resultado de despertar sus sospechas fue el arresto de Astromov y los oficiales de las cuatro logias, quienes fueron torturados, interrogados y encerrados en las prisiones, marcando la desaparición completa de la masonería en Rusia mientras duró la tiranía estalinista. Astromov mismo reveló a la policía secreta soviética todo cuanto sabía, y aunque finalmente fue puesto en libertad falleció poco después.
Tres años más tarde, en 1929, un agente de la policía secreta rusa descubrió que se realizaban reuniones masónicas clandestinas. El Profesor de Lenguas Orientales en el Instituto de Moscú, Pierre Mijailovich Kaiser, y otros dos masones fueron ejecutados.
Según C. N. Batham, un factor que puede haber influido en la hostilidad de Stalin contra la masonería fue que corrían falsos rumores de que León Trotsky era un entusiasta francmasón. [20] Lo más probable, sin embargo, es que el odio a la masonería, igual que la persecución que sufre bajo todos los regímenes dictatoriales o teocráticos, tiene sus raíces en el temor de los autócratas ante el libre pensamiento, la libertad en todas sus formas y expresiones.
En 1937, en el segundo de los famosos juicios públicos organizados por el régimen estalinista para liquidar a sus oponentes reales o imaginarios, un agente al servicio de la policía secreta fue usado para “revelar” los secretos de la masonería. El juicio se realizó entre el 23 y el 30 de enero. Los acusados eran 16 antiguos camaradas en armas de Stalin, y un tal V. V. Arnold. Este se reveló como un agente de la policía secreta rusa, que fue aleccionado por el fiscal acusador Vyshinsky, quien lo presentó al tribunal como un experto en masonería, sin embargo, sus respuestas revelan una absoluta ignorancia del quehacer masónico, dejando en claro que nunca fue ni siquiera iniciado.
En las páginas 321 a 335 de la transcripción oficial del juicio, Arnold declaró que había sido iniciado en Nueva York. En su trabajo sobre la Masonería en Rusia, [21] el Hno. Henry L. Zelchenko, 32°, transcribe algunas de las preguntas y respuestas del interrogatorio orquestado por Vyshinsky:
Vyshinsky: ¿Fuiste alguna vez miembro de una logia masónica?
Arnold: Sí lo fui.
Vyshinsky: ¿Cuál era tu religión en ese entonces?
Arnold: Era luterano (nota: en esa época a los luteranos les estaba prohibido ingresar a la masonería).
Vyshinsky: ¿Cómo conseguiste entrar a una logia masónica?
Arnold: Llené una solicitud e ingresé a una logia masónica.
Vyshinsky: ¿Y practicaste todos los ritos masónicos?
Arnold: Practiqué todo lo que era necesario
Vyshinsky: Dime, ¿a qué logia pertenecías?
Arnold: A la tercera logia. Tercer grado. Tercera etapa.
Vyshinsky: ¿Cómo se llamaba?
Arnold: La Antigua Orden de Libres Masones, La Antigua Orden Libre.
………
Vyshinsky: …¿te uniste a los Francmasones como luterano?
Arnold: Sí.
Vyshinsky: Y si hubieras dicho que eras ruso, ¿no te habrían recibido?
Arnold: No.
La paranoia de Stalin, que veía enemigos por todos lados, lo hizo extremar sus medidas para extirpar todo resto de masonería en la Unión Soviética. La propaganda antimasónica oficial no cesó. Por ejemplo, el 3 de junio de 1960 el periódico Izvestia publicó un artículo acusando a la Francmasonería como “una organización antisoviética y enemiga del pueblo”. [22]
Así quedaron las cosas hasta que el derrumbe del sistema comunista en 1991 permitió comenzar nuevamente a reconstruir la Orden en Rusia y los demás países que integraban la antigua Unión Soviética.
Un primer paso fue dado por la Gran Logia Nacional Francesa, la única regular entre las obediencias galas, a comienzos de los años 90 del siglo pasado. El 14 de enero de 1992 levantó columnas en París la logia “Armonía” N° 698, siendo elegido como Venerable Maestro el R:.H:. George Dergachov. El Primer Vigilante era el H:. Alexander Rimsky-Korsakov, bisnieto del famoso compositor. En septiembre del mismo año la logia se trasladó a Moscú y allí fueron iniciados 14 candidatos simultáneamente, siendo estas las primeras iniciaciones efectuadas en Rusia en tiempos modernos.
En los años siguientes levantaron columnas otras logias en Voronej, Moscú y San Petersburgo. Asimismo, comenzaron a organizarse los primeros cuerpos capitulares del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.
Los esfuerzos de la Gran Logia Nacional Francesa por establecer la Francmasonería regular en Rusia fueron coronados por el éxito el 24 de junio de 1995, cuando el Gran Maestro Claude Charbonniaud, acompañado por un gran número de Grandes Dignatarios y Oficiales de la Gran Logia Nacional Francesa, consagró en el local del Sindicato de Maestros de Moscú la Gran Logia de Rusia, e instaló en el Trono del Rey Salomón al R:. H:. Georgy Dergachov.
El autor de estas líneas también se encontraba presente durante la emocionante ceremonia, ejecutada simultáneamente en francés y ruso. No había casi ningún invitado del extranjero, pues la ceremonia se celebró en el secreto más absoluto. Aunque las autoridades fueron informadas, no se hizo ninguna publicidad ni se enviaron invitaciones.
Todo esto indica que los masones rusos siguen cuidándose de no despertar sospechas de las autoridades. Aunque se han abierto otras logias, la selección de candidatos a la iniciación es estricta, para evitar toda posibilidad de que ingresen hombres que pretendan utilizar la Orden para fines políticos. Por el momento, a comienzos de 2013, la Masonería no sufre de persecución, pero su futuro tampoco está firmemente garantizado. Una indicación de la cautela con que actúan los masones rusos es que en el sitio oficial de la Gran Logia, los nombres de la mayoría de los grandes oficiales aparecen sólo con sus iniciales.
Bibliografía:
Batham, Cyril N., “Russian Freemasonry 1731-1979”, Grand Lodge of Scotland Year Book 1985, pp. 72-78, publicado originalmente en las Transacciones de la Logia de Investigación de Leicester N° 2429, bajo la Gran Logia Unida de Inglaterra.
Faggionato, Raffaella, “Review Essay: New and Old Works on Russian Freemasonry”, Kritika: Explorations in Russian and European History, Vol. 3, N° 1, Winter 2002, pp. 111-128.
McKeown, Trevor W., Anti-Masonry Frequently Asked Questions, http://freemasonry.bc.ca/anti-masonry/anti-masonry_faq.html
Consultado el 14.12.2012.
Novarino, Marco, “L’antimassoneria marxista”, Massoneria Oggi, Año V, No. 3, Junio/Julio de 1998.
Parker, William E., “The Craft and the Bear”, The Philalethes, Agosto de 1997, pp. 89-95.
Rich, Paul, “Freemasonry in Russia: Springtime for Decembrists”, The Plumbline of the Scottish Rite Research Society, U.S.A., Vol. 4 No. 3, septiembre de 1994.
Smith, Douglas, Working the Rough Stone: Freemasonry and Society in Eighteenth Century Russia, DeKalb, IL, Northern Illinois University Press, 1999.
Southern California Research Lodge, “Fraternal Review No. 663” (15/1/93).
Troyat, Henri, Catherine la Grande, Flammarion, París, 1979.
Troyat, Henri, Tolstoy, Dell, New York, 1967.
Tschelakow, Eugenio, “La Masonería Rusa”, Coletánea 5, A Trolha, Londrina, Brasil, p. 153.
Zaf, Nisan, “Habniyá Hahofshit Be’Rusia mi 1792 vead Yameinu” (La Francmasonería en Rusia desde 1792 hasta nuestros días), Haboneh Hahofshí (revista de la Gran Logia del Estado de Israel), 2-1994.
Zelchenko, Henry L., “Freemasonry in Russia”, The New Age (Revista del Supremo Consejo Jurisdicción Sur de los EE. UU. de A.), Vol. 81, No. 2, febrero de 1973, pp. 49-53.
Zeldis Mandel, León, “Los Protocolos de los Sabios de Sión (Antimasonería y Antisemitismo), en: Entre la Escuadra y el Compás, Kompás Ediciones, Madrid (España) 1999.
Notas:
[1] Zaf, Nisan, “Habniyá Hahofshit Be’Rusia mi 1792 vead Yameinu” (La Francmasonería en Rusia desde 1792 hasta nuestros días).
[2] Lauren G. Leighton, The Esoteric Tradition in Russian Romantic Literature: Decembrism and Freemasonry (University Park, Penn.): The Pennsylvania State University, 1994, p. 28. Citado por Paul Rich, “Freemasonry in Russia: Springtime for Decembrists”, The Plumbline of the Scottish Rite Research Society, Vol. 4, No. 3, September 1994, p.3
[3] Isabel de Madariaga, Politics and culture in eighteenth century Russia, ISBN 978-0-582-32256-1, p. 164.
[4] Consultado el 23.12.2012 en la red: en.wikipedia.org/wiki//Ivan_Yelagin.
[5] 4° - La Bóveda Oscura o el Místico Arco, 5° - El Maestro Escocés, 6° - El Grado del Filósofo y 7° - Caballería Espiritual.
[6] Consultado en la red el 23.12.2012: http://eruizf.com/masonico/rito_zinnendorf.html.
[7] Fabio Martelli (Universidad de Bologna), “Breve profilo della Massoneria russa”, Hiram (Revista del Grande Oriente d’Italia), N° 4, 2002, pp. 27-36.
[8] “El embajador sueco en Rusia, conde Stedligk, escribió que ‘Catalina sentía una femenina repulsión contra la masonería’.” Citado por Tschelakow.
[9] Tschelakow supone que uno de los factores que influyeron en Pablo es el hecho que se había proclamado el 16 de diciembre de 1798 como Gran Maestre de la Orden de los Caballeros de Malta, una orden rival de altos grados.
[10] Istoriia ruskogo masonstva XIX veka, San Petersburgo 2000. Reseñado por Raffaella Faggionato, ver la Bibliografía.
[11] Tschelakow, op. cit.
[12] Zelchenko, p. 51.
[13] Leighton, op. cit., p. 14.
[14] No es este el lugar para extendernos en la historia de los Protocolos. Es suficiente leer el documentado examen de la superchería basada en el plagio en mi artículo “Antisemitismo y Antimasonería.” [14] Quienes se interesen en profundizar en el tema, pueden leer el libro de la Jueza Hadassa Ben-Ito “The Lie that Wouldn’t Die”, quien examina detalladamente los orígenes del infundio, las fuentes dónde se inspiró el autor, donde encontró el material que plagió y que constituye gran parte del libro, y los trágicos resultados que ha tenido su constante reedición en todo el mundo.
[15] ‘Protocols’ author identified by Russian Historian, The Jerusalem Post, Monday, November 29, 1999.
[16] Valerian Obolensky, Russians in Exile, publicado en el internet, mayo de 1997, citado por Tschelakow. http://www.geocities.com/SoHo/Studios/5254/dias13.html. La lista de masones rusos en el exilio publicada como apéndice puede consultarse en http://www.joebattsarm.com/ lexicografie/dias13.html.
[17] Novarino, Marco, “L’antimasoneria marxista”, Massoneria Oggi, Año V, No. 3, Junio/Julio de 1998.
[18] J. A. Ferrer Benimeli, El contubernio judeo-masónico-comunista, Madrid, Istmo, 1982, p. 217. Citado por Novarino.
[19] L. Trotsky, Le mouvement comuniste en France, Paris, Ed. De Minuit, 1967, p. 251. Citado por Novarino.
[20] Batham, p. 78.
[21] Zelchenko, p. 53.
[22] Parker, p. 93.