
ABD EL-KÁDER Y ABU NADARA
León Zeldis
El propósito de este trabajo es destacar dos figuras poco conocidas, dos hombres distantes en el tiempo y el espacio, Abd el-Káder y Abu Nadara, uno un árabe musulmán de Argelia, y el otro un judío egipcio, pero ambos dos unidos en su fidelidad a los ideales de la Masonería: Libertad, Igualdad y Fraternidad.
Abd el-Káder
El primer héroe en esta historia, Abd el-Káder o Kidar, fue uno de los primeros árabes nacionalistas en la historia moderna. Era un hombre ilustrado, con tendencia al misticismo, escritor y poeta, y al mismo tiempo líder militar.
El-Káder nació en 1807 en un pequeño poblado en la provincia de Orán, en Argelia, al extremo occidental del Imperio Otomano. Su padre era Mahi-ed-Din, hombre aristocrático, Sherif, es decir, descendiente director del Profeta.
Abd el-Káder aprendió a leer y escribir a la edad de cinco años y a los 14 ya era "Hafiz", es decir, había aprendido todo el Corán de memoria. Tenía avidez de aprender, compró numerosos libros y formó una biblioteca personal variopinta que incluía tanto filosofía como ciencias.
En 1830, con una excusa cualquiera, los franceses invadieron Argelia y la conquistaron con relativa facilidad. El Sultán del vecino Marruecos estaba preocupado por la invasión de las fuerzas francesas y envió un ejército para combatirlas, pero se replegó rápidamente y dejó a Argelia en manos de los conquistadores. Los jefes de la población local en Argelia se congregaron en la ciudad de Máskara y después de prolongados debates decidieron levantarse contra los invasores. Para la gran sorpresa de muchos, Abd el-Káder fue elegido para ponerse al frente de las tropas locales, ya que su padre rehusó firmemente aceptar el cargo. La guerra que comenzó entonces no llegó a tener un fin decisivo. Si bien las fuerzas argelinas se sobreponían a las francesas en combates frente a frente, el hecho es que los franceses contaban con artillería y los argelinos no, por lo que eran incapaces de conquistar los fuertes franceses. Un factor adicional fue la negativo de algunas tribus a tomar parte en la contienda. Después de dos años de combates, los franceses estaban cansados y propusieron un acuerdo de paz: se quedarían en Argelia, pero reconocerían a Abd el-Káder como Emir de Máskara, es decir, gobernador de toda la provincia de Orán.
El líder militar enfocó ahora sus esfuerzos en desarrollar su provincia. Estableció un ejército regular, liquidó las bandas de bandoleros, fundó industrias, escuelas y estableció un sistema judicial normal.
El acuerdo de paz no duró mucho tiempo. En 1838 los soldados franceses entraron en el territorio de la provincia de Orán y actuaron como dueños de la casa. Nuevamente se produjeron combates y otra vez los franceses no pudieron dominar la revuelta. Las hostilidades fueron crueles, Abd el-Káder demostró caballerosidad en todo momento, más de una vez defendió las vidas de prisioneros franceses y controló a sus propios soldados. Cuando le ofrecieron varias mujeres que habían caído prisioneras su respuesta fue que "los leones atacan a los fuertes, sólo las hienas atacan los débiles".
La guerra se prolongó hasta diciembre de 1847, cuando Abd el-Káder se vio obligado a rendirse. Los franceses le prometieron enviarlo al exilio en Acre o Alejandría, pero en vez de hacerlo lo detuvieron y lo encerraron en la fortaleza de Lamalgue hasta que se completaran las negociaciones con el gobierno de Istanbul. Mientras tanto, estalló la revolución de 1848 en Francia y el nuevo gobierno francés, republicano, no sabía qué hacer con él. Fue transferido de un castillo a otro, de Chateau de Pau al Chateau d'Amboise. El-Káder aprovechó el tiempo de su prisión para escribir dos libros: El-Mawakif y El-Mikrad el-Had. Más tarde también escribió otros libros, volúmenes de poemas, filosóficos y autobiográficos.
En esta época, al parecer, ya demostró interés en la Francmasonería, pero no siendo hombre libre, nada podía hacer.
En diciembre de 1848 Luís Napoleón fue elegido Presidente de Francia. Era el sobrino del Emperador Napoleón Bonaparte. Seis años después, en 1852, cuando ya se había transformado en el Emperador Napoleón III, se entrevistó con el prisionero y le concedió la libertad, pero El-Káder fue enviado al exilio en la ciudad de Bursa, en Turquía, otorgándole una generosa generosa para sus gastos.
Los turcos no estaban muy satisfechos con la presencia de este árabe nacionalista, luchador por la libertad, en la metrópolis otomana. Con el consentimiento de los franceses, lo trasladaron a vivir en Damasco, donde fue recibido con los brazos abiertos. Junto con Abd el-Káder llegó su esposa (tenía una sola), diez hijos y una fuerza de guardia de mil soldados, de aquellos que había luchado a su lado en Argelia.
En Damasco, dedicó su tiempo a la enseñanza y el estudio. Fundó un colegio religioso y destinó la mitad de su pensión a obras de caridad.
En la primavera de 1860 estallaron violentos disturbios en el Líbano contra los habitantes cristianos, cometiendo actos sanguinarios. El-Káder expresó su disgusto ante las autoridades religiosas y civiles, exigiendo que pusieran fin a los desmanes. También se dirigió al gobernador turco de Siria y le advirtió que el levantamiento contra los cristianos podía extenderse a Damasco. Su premonición se cumplió. El 6 de julio de 1860 estallaron las depredaciones en Damasco. Abd el-Káder se plantó frente a la multitud y trató de convencerlos que abandonaran la violencia, pero sus palabras no fueron escuchadas. La ralea llegó al barrio cristiano y le prendió fuego.
Posiblemente otros hubieran levantado las manos ante la situación y hubieran dejado a la multitud que cometiera sus crímenes, pero no Abd el-Káder. Llamó a las tropas de su guardia personal y juntos entraron al barrio en llamas y comenzaron a salvar todas las personas que pudieran, conduciéndolas a su casa, y cuando ésta estuvo llena, El-Káder obtuvo el consentimiento de sus vecinos para dar asilo a las víctimas cristianas. Cuando la turba llegó a su casa, El-Káder se les enfrentó con firmeza, condenó en fuertes términos los actos de vandalismo y obligó a la ralea a retirarse. En total, El-Káder salvó las vidas de más de veinte mil personas, que quedaron como sus huéspedes por un mes hasta que se trasladaron en paz a Beirut. Abd el-Káder, el guerreo contra los franceses en Argelia, salvó la vida del Cónsul francés en Damasco, así como cónsules de otros países.
Las naciones europeas reconocieron y felicitaron su heroísmo y Abd el-Káder recibió condecoraciones del Papa (la Orden de Pío IV), de Rusia, Grecia y otros. Los franceses le otorgaron la Legión de Honor, Inglaterra le envió un rifle adornado con oro, y el Gran Oriente de Francia le envió una medalla especial. Musulmanes famosos alabaron igualmente su actuación. La fe en Dios y en la vida humana como valor supremo fue fundamental en la vida de El-Káder.
Ya mencioné el interés que tenía El-Káder en la Masonería. A resultas de sus actos de heroísmo, la Logia Henry IV de París le invitó a ingresar a ella, pero debido a los problemas para viajar se buscó la solución más cerca, y es así que el 18 de junio de 1864 fue iniciado en la Logia Les Pirámides de Alejandría, en Egipto, bajo la jurisdicción del Gran Oriente de Francia, actuando en nombre y con la autorización de la logia parisina.
Tal como se estila en el Rito escocés Antiguo y Aceptado, está permitido agregar preguntas al candidato aparte de las que establece el ritual. Según cuenta Rob Morris en su libro (ver la Bibliografía), una de las preguntas fue las que sigue: "¿De qué manera comprende usted la Tolerancia de la Francmasonería?" y su respuesta fue la siguiente:
"Yo se que Dios no creó al hombre inútilmente y sin objetivo, ya que Dios es sabio y no hace nada sin motivo… el objetivo de Dios en la creación fue que las criaturas estuvieran conscientes de sus virtudes y sus actos." En otras palabras, la opinión de Abd el-Káder era que la creación del hombre con toda su gama de creencias no era casual, sino que tenía un propósito, y la tolerancia se desprende de tal hecho.
Un año más tarde, El-Káder consiguió viajar a Francia y fue recibido en su logia madre. A los hermanos de su logia les contó que "La masonería es la institución más excelsa en la faz de la tierra, y representa el mejor camino para el acercamiento entre Oriente y Occidente."
En los últimos años de su vida, Abd el-Káder dedicó su tiempo a la caridad, el estudio y la enseñanza. Falleció en mayo de 1883 y fue enterrado en Damasco. En 1965 su cuerpo fue trasladado a Argel, la capital de Argelia independiente. Quizás en su honor, a diferencia de otros países árabes, en Argelia la Francmasonería trabaja públicamente y sin oposición.
De Abd el-Káder es posible decir con certeza, que era un Masón sin mandil antes de su iniciación. En 1867 dos de sus hijos fueron iniciados en la Logia "Palestina-Oriente" de Beirut, y en 1901 un nieto ingresó a la Logia "Hijos de Marte" en el Oriente de Philipville en Argelia.
Abu Nadara
Nuestro segundo personaje era un judío egipcio cuyo verdadero nombre era James Sanua y también conocido como Yaqoub Sannou, pero su nombre más famoso fue Abu Nadara (el hombre con anteojos), y también fue llamado "el Moliere egipcio".
Abu Nadara era escritor, dramaturgo, empresario, poeta, periodista, publicista, satirista, comentarista político y revolucionario. Fue uno de los primeros en escribir para el teatro utilizando el lenguaje árabe vernáculo en vez del árabe literario. Esto fue muy criticado por los círculos literarios, pero él persistió y escribió 32 obras de teatro en el mismo estilo, algunas de las cuales fueron traducciones y adaptaciones de obras europeas.
Hijo de una familia sefardí de origen italiano, su padre había sido invitado a Egipto para asesorar al rey en asuntos de economía. Abu Nadara fue educado como judío, pero sus conocimientos del Corán y del Islam eran tan profundos que recibió el título de Sheik. Hablaba ocho idiomas, aún en su juventud fue enviado por cuenta del príncipe egipcio para estudiar en Livorno, Italia. Allí permaneció tres años y formó estrechas relaciones con personajes liberales, miembros del movimiento Risorgimento cuyos líderes eran masones como Garibaldi y Manzini.
Livorno era un importante centro masónico en la península. Para dar un ejemplo, de las 34 logias masónicas activas en Italia en aquella época, 19 estaban establecidas en Livorno, donde también existía una importante colectividad hebrea.
Los italianos luchaban entonces por unificar Italia, que se encontraba dividida entre ciudades-estado y provincias independientes, los Estados Vaticanos, y el norte en manos de invasores austriacos.
Egipto se encontraba bajo una creciente influencia inglesa (que más tarde, en 1882, culminó con la conquista militar del país). Abu Nadara observaba ese proceso con disgusto. En 1863 fue nombrado profesor en la Universidad Técnica de El Cairo y allí encontró estudiantes que coincidían con sus ideales nacionalistas; algunos ingresaron posteriormente al ejército. Uno de ellos, un oficial llamado Orbi Pashá, organizó un motín contra el gobierno egipcio y las fuerzas inglesas. La revuelta fracasó y fue enviado al exilio.
Abu Nadara no era militar, sino que luchaba con su pluma, escribiendo ensayos y obras de teatro. En esa época, la mayoría de los libros estaban escritos en árabe clásico, literario, que la mayor parte de las personas eran incapaces de leer. La revolución de Abu Nadara fue escribir en el lenguaje del pueblo, y eso le granjeó una popularidad inmensa. En sus obras de teatro expresó una crítica despiadada del gobierno dictatorial y de la desigualdad en la sociedad egipcia. Además de escribir, él mismo actuaba en sus obras y las presentaba en los teatros que estableció. Ni hay que decir que las autoridades egipcias no estaban satisfechas, y en 1872 cerraron su teatro.
Sin teatro, Abu Nadara se unió a otros dos revolucionarios, Gamal el-Din el-Afgani y Mohamed Abdo, ambos francmasones. Juntos publicaron un periódico y lo bautizaron con su apodo: Abu Nadara. Tal como en sus obras de teatro, el lenguaje del periódico era el de uso diario, no literario, los artículos eran satíricos y estaban acompañados de caricaturas dibujadas por el mismo Abu Nadara. En poco tiempo, fue blanco de intentos de asesinato, y finalmente fue expulsado de Egipto en junio de 1878.
Aunque no se sabe cuándo ni dónde ingresó a la Masonería, no cabe duda que fuera Masón. Todos sus amigos más cercanos y sus socios en el trabajo eran reconocidos como Masones y sus ideas liberales reflejaban los ideales de la Masonería.
Abu Nadara se radicó en Francia, la enemiga tradicional de Inglaterra, y de allí continuó escribiendo artículos condenando el gobierno egipcio-británico y promoviendo el nacionalismo egipcio y la justicia social. Sus escritos eran introducidos subrepticiamente y distribuidos en Egipto, donde encontraban gran aceptación. Visitó Turquía dos veces y recibió una condecoración del Sultán Abdel Hamid, quien solicitó su ayuda para formar un frente pan-arábigo que luchara contra los ingleses. En 1900 el Rey de Persia le otorgó el título de Shar-el-Molk, es decir, Poeta del Emperador.
En sus últimos años se desilusionó también de los franceses, que en 1904 firmaron un acuerdo de amistad con los ingleses – el llamado Entente Cordiale – y de los turcos, ya que después de la revolución de los Jóvenes Turcos en 1908, perdieron todo interés en la independencia de Egipto.
Abu Nadara, el hombre de los anteojos, falleció en 1912 y fue enterrado en el cementerio judío de Montparnasse, donde su lápida se encuentra hasta hoy. En 1966 el historiador Irene Gendzier publicó un libro sobre la ideología de Abu Nadara (The Practical Vision of Ya'qub Sanu, Harvard University Press) y en el año 2001 la firma de remates públicos Sotheby's vendió en Londres una extraordinaria colección de sus libros, fotografías y manuscritos. Al parecer, el material se encuentra actualmente en la Biblioteca Nacional de París.
Bibliografía:
Al-Ahram weekly on-line, 4-10 de octubre de 2001, número 554.
Bellemare, Alex, Abd el-Káder: sa vie politique et militaire, París, 1863.
Brahim, Mostefa, Abd el-Kader, mensaje en la lista Internet :
phenix@list.libre-parole.com, 16 de marzo de 2003.
Churchill, Col. C. H., The Life of Abd el-Kader, Londres 1867.
Jacobs, Jonathan M, "Abd el-Kader: the Tolerant Hero", The Philalethes, Junio de
1992.
Morris, Robert, Freemasonry in the Holy Land, Monumental Edition, Published by
the Author, La Grange, KY, 1879, pp. 573-595.
Sanue, Dr. Victor D., "Egypt for the Egyptians – the story of Abu Naddara – a
Sephardic Egyptian patriot (1839-1912)", Los Muestros, N° 32, septiembre de 1998.
Pichon, Commdt. J, Abd el-Kader 1807-1883, París 1899.